Mientras el pánico vuelve a las Bolsas europeas y la crisis financiera internacional parece que no da tregua, en Londres continúan las protestas y la prensa informa de que el conflicto se ha extendido a otras zonas del Reino Unido. David Cameron ha interrumpido sus vacaciones y ha convocado un gabinete de crisis. Al hilo de los disturbios que se están produciendo, el lunes se publicaba este artículo, que analiza los medios de difusión que los protagonistas de los altercados y protestas han utilizado para dar notoriedad a lo que están viviendo. En primera instancia y casi sin poder evitarlo, uno piensa en Twitter. Este medio ha sido un factor clave para potenciar una suerte de "periodismo callejero", que ayuda a que cualquier usuario pueda convertirse en emisor de una noticia in situ. Tan fácil como instalar una aplicación de terceros que permita sincronizar fotos con Twitter, capturar el hecho, escribir un titular relevante y hacer clic en "publicar tweet". La viralidad hace el resto. Asistimos a ejemplos muy claros hace unos meses respecto al conflicto en Egipto y la muerte de Osama Bin Laden. Por tanto, no es posible a esas alturas, cuestionar la capacidad de multiplicación y aceleración de los flujos informativos que tiene Twitter. Pero hay un dato importante: lo normal es que sea posible identificar al primer emisor del contenido. Aquí estriba la diferencia con lo que está sucediendo en Londres: gran parte de la difusión de cada episodio de la controversia busca el anonimato del autor. Para ello, la herramienta clave no ha sido ninguna de las redes sociales en las que pensamos intuitivamente, sino un servicio integrado en uno de los proveedores de smartphones actuales: BlackBerry Messenger.
Mientras el pánico vuelve a las Bolsas europeas y la crisis financiera internacional parece que no da tregua, en Londres continúan las protestas y la prensa informa de que el conflicto se ha 